El característico olor a champagne y a ginebra del cual solías estar rodeada, una vez más te recibía, con los brazos abiertos, esperando a que tus ojos se abriesen, y una vez lo hiciste tú memoria regresó a la velocidad de un rayo. Frente a ti estaba otra vez ese hombre del cual nunca podías escapar.
"Estabas inconsciente en uno de los callejones más solitarios de la cuidad... ¿sabes lo jodidamente difícil que me fué encontrarte esta vez?"
Habló Borís, acercándose hacia ti como un cazador a su presa, su mirada no expresaba más que deseo y anhelo, él era otro de los tontos hombres que decían amarte sólo por haber pasado una noche contigo a cambio de dinero, aunque Borís fuese el más insistente de todos, era un cuento que no podías simplemente tragarte. Sin embargo las cosas para ti no eran fáciles, no después de haber contraído esa maldita enfermedad, la cual sólo te recordaba lo imprudente y aparatosa que había sido tu vida... pues después de todo, tu solo solías ser una empleada en una tienda de comida rápida...