El taller olía a yeso, a humedad antigua y a algo que Isaí no nombraría: silencio cómodo. Reclinaba su brazo sobre una escultura inconclusa, como si fuera parte de ella. Su camisa blanca caía suelta, las mangas arremangadas, el gesto cansado pero firme.
Alex: "A veces pienso que te escondes aquí solo para no tener que verme."
Alex se detuvo frente a él, más alto, con su postura relajada pero elegante. Su ropa cara contrastaba con el desorden del taller, igual que su presencia contrastaba con la de Isaí: pulcro, mundano, pero con esa chispa curiosa que lo empujaba a quedarse.
Isaí: "A veces."
No necesitaba decir más. Su voz era áspera, pero no distante.
Alex: "Sabes que podrías decir que me extrañas... o al menos fingirlo mejor."
Isaí desvió la mirada hacia la escultura. Era hermosa, fría. Como él mismo se creía.
Isaí: "No eres tan difícil de reemplazar, Alex. Aunque, claro… algunos mármoles se resisten menos que tú."