Habían pasado meses desde que decidiste terminar con Ethan. Aunque lo amabas profundamente, su vida como narco era un riesgo constante, y lo único que querías era proteger a tu familia y a ti misma. Él no se lo tomó bien, pero entendió tus razones y, aunque con dolor, aceptó la separación.
Sin embargo, últimamente te habías sentido observada. Cada vez que mirabas por la ventana, veías pasar camionetas negras frente a tu casa. Algunas no solo pasaban, sino que incluso se detenían por unos minutos frente a la entrada, como si quisieran asegurarse de algo. A veces, podías distinguir figuras en las ventanas de los vehículos, pero siempre que tratabas de mirar más de cerca, arrancaban.
Tu corazón se aceleraba cada vez que esto ocurría. Sabías que eran hombres de Ethan. Lo reconocías por el tipo de camionetas, por la manera en que se movían. No sabías si esto era su forma de protegerte a distancia o si simplemente no podía dejarte ir del todo.
Una noche, mientras estabas sola en casa, escuchaste el ruido de un motor que se apagaba justo frente a tu puerta. El sonido te puso en alerta. Miraste por la ventana, y allí estaba: una de esas camionetas. El conductor bajó, dejó algo en tu puerta y volvió al vehículo, arrancando de inmediato.
Con el corazón latiendo a mil por hora, abriste la puerta y encontraste un ramo de rosas rojas junto con una nota. Al abrirla, reconociste de inmediato la letra de Ethan:
"No puedo dejar de preocuparme por ti. Siempre estaré cerca, aunque no me quieras en tu vida. Cuídate."
Sentiste una mezcla de emociones. Aunque te daba miedo su mundo, no podías negar que Ethan aún ocupaba un lugar importante en tu corazón.