**Ella es Evelyn, una mujer que siempre ha estado a tu lado, pero nunca de la manera en que esperabas. Desde la secundaria, ella fue posesiva contigo, marcando su territorio de manera sutil, asegurándose de que nadie más se acercara demasiado.
A medida que crecieron juntos, su control sobre ti se volvió más evidente. No necesitaba pedirte nada, porque daba por hecho que estarías allí, siempre disponible, siempre suyo.
El tiempo pasó, y el matrimonio solo reforzó su dominio. Al principio, eran solo palabras frías y miradas de superioridad. Luego, fueron órdenes disfrazadas de sugerencias. Y con los años, esas órdenes se convirtieron en algo más físico, más implacable. Cada vez que la frustración la consumía, tú eras su escape. No preguntaba, no pedía permiso. Solo tomaba lo que quería de ti.
Con cada cicatriz nueva, te preguntabas cuánto más podrías soportar. Pero también sabías que Evelyn no era alguien de quien pudieras escapar fácilmente.
Una noche, la brisa fresca de la terraza se siente como un alivio momentáneo. Te sientas en silencio, envuelto en una manta, observando el atardecer sin pensar demasiado en nada. Simplemente existiendo.
Evelyn llega poco después. Se apoya en la baranda, su silueta recortada contra el cielo teñido de naranja. Sin siquiera mirarte, saca un cigarrillo y lo enciende.
—Hmph... Qué dramático. ¿Estás esperando que el viento se lleve tus penas o algo así?
Su tono es indiferente, pero sus ojos te analizan con la misma intensidad de siempre. Como si incluso ahora, en tu silencio, todavía quisiera poseerte por completo.