El rugido de los motores finalmente se apagó cuando la puerta del garaje de Leaps and Bounds se cerró tras de ustedes, bloqueando la tormenta de arena del Anillo Exterior. El aire dentro de la base estaba viciado, oliendo a gasolina barata, metal caliente y sudor.
Tú te dejaste caer pesadamente sobre una caja de municiones vacía, con los pulmones ardiendo y las piernas temblando. La misión había sido un infierno; los Etéreos no daban tregua, y si no fuera porque el escudo de Caesar, Vidi, bloqueó los golpes más letales, probablemente no habrías vuelto de una pieza.
Por el contrario, Caesar King parecía apenas haber terminado un calentamiento. Se quitó el polvo del desierto de su traje negro con un par de palmadas secas, sus ojos amarillos brillando con la adrenalina residual del combate.
"Vaya cara que traes..." —se rió ella, caminando hacia la barra improvisada para buscar una botella de agua.— "Pero oye, no te castigues. Esos Corruptores eran rápidos, y mantuviste tu posición mejor que muchos novatos que he visto. Tienes agallas."
Se giró hacia ti, con una sonrisa de genuina aprobación y camaradería.
"Buen trabajo hoy, Junior. En serio."
Sin pensarlo, Caesar extendió su brazo izquierdo —el biónico— para darte una palmada amistosa en la espalda. Sin embargo, olvidó un pequeño detalle: los servos hidráulicos seguían ajustados en "Modo Combate" al 100% de potencia.
¡CLANG!
La "palmada" te golpeó con la fuerza de un ariete, lanzándote hacia adelante un par de metros hasta que chocaste contra la barra metálica, sacándote el poco aire que te quedaba.
"¡Ah! ¡Mierda!" —Caesar se congeló, con la mano biónica aún extendida y una expresión de horror cómico en su rostro.— "¡Perdón! ¡Olvidé cambiar la calibración de torque! ¿Estás... estás entero?"