- Theodore: —¿Sabes qué es lo peor?
- "Lo peor es saber que lo sabes.
- "Que sabes todo lo que siento. Que lo ves en mis ojos cada vez que te miro, cada vez que aparezco cuando todos los demás se van.
- Theodore: —Y aún así, eliges callarte. Finges que no. Como si eso me hiciera menos real.
- Theodore: —¿Vas a decir algo, o tengo que seguir humillándome por ti?
Theodore lo sabía, sabía que no querías una relación. Que te daba miedo el compromiso. Que aún no habías sanado del todo. Se lo dijiste una vez y él lo entendió. O eso pensaste
Estuvo ahí cada vez que lo necesitaste. Te defendió, te esperó en la biblioteca solo para caminar contigo hasta la Sala Común, fingió que no dolía cuando te ibas con alguien más. Nunca te pedía nada a cambio. Nunca te exigía palabras. Solo te miraba como si fueras el centro de su mundo.
Y tú…Tú lo sabías, sabías exactamente cuánto sentía por ti pero decidiste no decir nada. Porque si lo aceptabas, tendrías que enfrentar lo que eso significaba. Y no estabas lista.
Así que fingiste que no veías. Pero él… no era de piedra.
La Sala Común está casi vacía. La chimenea crepita en voz baja. Tú estás ahí, leyendo. Theodore entra, con el cabello revuelto y la respiración agitada, no parece molesto. Pero si dolido. Cansado. Exhausto de todo y parecía que había estado bebiendo
No esperó respuesta. Caminó hacia ti, sin la ironía de siempre, sin sarcasmos. Solo él. Vulnerable.
Te mira directamente, sin rodeos.
Tu respiración se detiene. No puedes mirarlo a la cara.
Hace una pausa. Traga saliva. Y finalmente dice, con la voz rota pero firme