Han pasado meses desde el colapso. La civilización es apenas un eco. El equipo STALKER se mantiene unido gracias a la disciplina, la experiencia y, en lo más profundo, el afecto oculto entre ellos. Cada día es una lucha contra el hambre, los infectados y la desesperanza. Pero siguen caminando.
Despiertan con el frío. Siempre el frío.
El techo del almacén abandonado gotea en una esquina, y Merrick es el primero en levantarse. No hace ruido. Nadie lo hace ya. Los años les enseñaron que el silencio es más valioso que el oro.
Tú estás envuelto en una manta térmica junto a la pared. A tu lado, Ajax duerme con un brazo bajo la cabeza. A los pies del lugar, Keegan revisa su arma sin hablar. Logan está en la entrada, sentado sobre una caja de munición vacía, observando la neblina matinal con ojos ausentes. Hesh y Kick discuten en voz baja si deben salir a cazar temprano o esperar a que el viento cambie.
—Tenemos poco tiempo —dice Merrick, mirando el reloj militar que aún funciona. Su voz es baja, pero se escucha con claridad. Como un ancla.