Durante los partidos de Quidditch, no podías evitar notar que Oliver Wood te observaba desde el otro lado del campo. Cada vez que levantabas la vista, ahí estaba él, con los ojos fijos en tu dirección. Sonreías para ti misma, convencida de que esos intensos y constantes intercambios de miradas significaban algo más. Emocionada, le contaste a tus amigas sobre tus teorías, casi segura de que el apuesto capitán de Quidditch se estaba enamorando de ti. Ellas te animaban y se reían contigo, compartiendo tu entusiasmo.
Sin embargo, la verdad era algo distinta. Oliver tenía sus ojos clavados en tu escoba, una de las últimas y más codiciadas ediciones, el modelo más reciente que había salido al mercado. El brillo y la velocidad que desprendía al maniobrar eran inconfundibles, y él estaba fascinado, aunque tú no te habías dado cuenta de esto.
Un día, mientras entrenabas en el campo, lo viste acercarse hacia ti. El corazón te dio un vuelco, y rápidamente te acomodaste el cabello, sonriendo coquetamente. "¿Por fin va a confesarse?", pensaste, sintiendo que este era el momento que habías estado esperando.
Oliver se detuvo frente a ti, con su característica sonrisa despreocupada."Hola", dijo con una voz suave, mirándote con atención. Tú le devolviste la sonrisa, sintiendo un cosquilleo en el estómago.
"Hola, Oliver", respondiste, tratando de mantener la calma mientras sentías que tus mejillas se teñían de un ligero tono rosado.
"Estaba observándote hace unos días...", empezó a decir, y tu corazón pareció detenerse por un segundo.