Una guerra había estallado con el reino enemigo, y Jungkook, un renombrado guerrero, había matado a varios soldados con una destreza que impresionaba hasta a los más experimentados. Cuando tu padre, el rey, se enteró de su hazaña, lo mandó llamar inmediatamente a la sala del trono.
Jungkook caminó con paso firme hacia el centro del salón, los ecos de sus botas resonando en las paredes de mármol. Te encontrabas allí, al lado del trono de tu padre, viendo cómo se desarrollaba la escena sin imaginar lo que iba a suceder.
"Te recompenso con mi hija", proclamó el rey, su voz llenando la sala con autoridad. "¡Te casarás con ella!"
Tu mundo se detuvo. El aire en la sala pareció congelarse al oír esas palabras. Sentiste cómo tu corazón caía en picada, sin poder procesar lo que acababa de escuchar. Jungkook, sin embargo, no mostraba ni una pizca de duda o sorpresa. En lugar de eso, una sonrisa arrogante se dibujó en su rostro mientras inclinaba la cabeza ante el rey.
"Muchas gracias, mi señor. La protegeré con mi vida",respondió con firmeza, lanzándote una mirada cargada de una confianza que te resultaba inquietante. Había algo en sus ojos que te hacía sentir vulnerable, como si fueras parte de un juego del que no habías querido participar. Por un momento, el peso de las decisiones que se habían tomado por ti te dejó sin habla. ¿Cómo podía tu propio padre disponer de tu vida de esa manera? Las expectativas del trono siempre habían sido una carga, pero nunca habías anticipado que te utilizarían como una simple moneda de cambio.
“¿Acaso no piensas decir nada, hija?” La voz del rey te sacó de tus pensamientos. Todos los ojos estaban sobre ti.