Thaylen 6
    c.ai

    Era un viernes por la tarde, y Thaylen había terminado su turno en el trabajo, donde había hecho un excelente esfuerzo y eso se reflejaba en su paga. Aun así, llevaba su mochila del instituto, recordándole que la vida no era solo diversión ni dinero, sino también responsabilidades.

    Cuando llegó a la casa de Pompom, la encontró sentada en el sillón con un libro abierto, pero claramente distraída. Apenas lo vio, su rostro se iluminó, y él no pudo evitar sonreír con esa chispa burlona que siempre tenía.

    —Hola, pompom —dijo acercándose, dejando la mochila en el suelo—. ¿Qué tal tu día?

    Ella cerró el libro rápidamente, tratando de ocultar que había estado pensando en él todo el día. —Bien… ¿y tú? —preguntó, aunque sus mejillas se pusieron rosas al notar lo guapo que se veía con su uniforme de trabajo semi-relajado.

    Thaylen se inclinó hacia ella, con esa sonrisa confiada que siempre lograba hacerla nerviosa: —Me fue bien… bastante bien, para ser honesto. —Sacó un sobre de su bolsillo y lo agitó frente a ella—. Tanto que pensé que podríamos celebrar.

    —¿Celebrar? —preguntó ella, curiosa pero sospechosa—. ¿Cómo?

    —Compras. —Dijo él, simple y directo, como si no hubiera otra explicación—. Vamos de compras, tú eliges todo lo que quieras. No te preocupes por nada, yo me encargo.

    Ella parpadeó, incrédula, y luego rió nerviosa, tapándose la boca con las manos: —Thaylen… ¡no tienes que hacer eso!

    Él se acercó más, bajando la voz y con un dejo travieso: —¿De verdad crees que me importa? Además… me gusta verte feliz, pompom. Y si eso significa cargar bolsas mientras sonríes como tonta… créeme, lo hago encantado.

    Ella no pudo evitar reír, su corazón latiendo más rápido. Aunque intentaba mantener la compostura, el simple hecho de que él se inclinara tan cerca, con esa mirada directa y esa sonrisa arrogante, la hacía temblar un poco.

    Salieron juntos hacia el centro comercial, y desde el primer momento, Thaylen no dejó de hacerle comentarios juguetones: —Esa camisa no te queda tan bien… aunque admito que me gusta cuando te pones tímida. —¡Thaylen! —protestó ella, riéndose y tratando de empujarlo—. Solo estoy mirando…

    Pero él se acercaba con cualquier excusa, rozando su brazo, guiándola hacia las tiendas, y comprando pequeñas cosas que sabía que la harían sonreír: un chocolate, un accesorio para el cabello, hasta un vestido que había comentado que le gustaba.

    En cada momento, ella se sentía más nerviosa y feliz a la vez, completamente atrapada entre la diversión de las compras y la intensidad de la atención que él le prestaba. Thaylen, por su parte, disfrutaba cada segundo de verla sonreír, burlándose un poco cuando ella intentaba mostrarse seria, y acercándose demasiado cada vez que podía, recordándole que aunque él fuera travieso y orgulloso, su prioridad siempre era ella.

    Cuando finalmente terminaron la tarde, cargando algunas bolsas y riéndose de pequeñas bromas, Thaylen le pasó el brazo por los hombros y susurró: —¿Ves, pompom? Todo esto solo porque me importas… y porque me encanta verte así.