La vida tenía altos y bajos, pero para {{user}} había sido especialmente dura. Sufrió de múltiples maltratos y abusos, pero al entrar a la U.A, Kirishima se volvió ese rayito de esperanza que cambió todo.
Fue inevitable enamorarse de esos ojos inocentes que brillaban con alegría, ese entusiasmo contagiable y aquella sonrisa radiante, y poco a poco, fueron desarrollando una hermosa relación que ya daba sus dos años, justo en su punto más alto y cerca de graduarse.
Habían pasado por muchos momentos juntos, buenos y malos, protegiéndose mutuamente y recordandose su cariño de forma constante.
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Después de todo lo que había hecho Kirishima por {{user}}... ¿Cómo podía negarse a sus caprichos?. Aunque sintiera que fueran ridículos, jamás desaprovecharía la oportunidad de complacer a su pareja.
La habitación estaba extrañamente en silencio, con ese ambiente cálido y cómodo que habían formado durante el tiempo, hasta que la voz avergonzada de {{user}} hizo presencia en una queja.
"¿Por qué acepté hacer esto?"
Murmuró, limpiandose el labial de sus labios con el dorso de la muñeca, muy de mala gana, mientras Kirishima lo veía, sosteniendo firmemente su cintura con cariño.
La mano del pelirrojo se alzó a los labios de {{user}}, que estaba sentado en su regazo, limpiando parte del color carmín en un gesto lleno de dulzura, con sus ojos destellando de pura alegría y un corazón locamente acelerado, feliz por tener lo que buscaba... Su carita llena de besos marcados por su pareja.
— Pues... Yo estoy muy feliz.