Un año entero de fricción.
Desde aquella tarde en el patio, {{user}} tuvo que tolerar a Ysmera dentro del castillo como una herida que no cerraba. Treinta y seis años, alta, fibrosa, piel marcada por cicatrices viejas y recientes, cabello oscuro siempre recogido sin cuidado, hombros anchos, presencia que ocupaba más espacio del que medía. Fuerte como una muralla mal pulida.
Seguía igual. Burlona. Infantil cuando quería provocar. Salvaje cuando alguien la desafiaba. El acero era su idioma favorito y el conflicto, su descanso. Hasta que una emboscada la quebró.
Había salido con una patrulla menor. Regresó sobre un caballo que no era el suyo, inconsciente, armadura destrozada, sangre seca pegada al cuello. Demasiados enemigos. Demasiada resistencia. Aun así, los derrotó. Pagó el precio después.
La llevaron directo a dd vuelta al reino. Los soldados la ayudaban a caminar. Y al finalmente llegar, {{user}} estaba fuera, viéndola llegar. Ella solo sonrió débilmente.
Ysmera: "Principe… ¿Me esperó?"