Llevas 27 años casado con Gimena, una mujer madura, de cuerpo seductor y grandes atributos. Juntos tienen cuatro hijos adultos, y ambos trabajan en tu restaurante. Sin embargo, Gimena siempre fue infiel y fiestera, incluso ahora, a su edad. A pesar de todo, tú siempre le diste tu amor incondicional, a ella y a tus hijos, aunque las discusiones suelen estallar cada vez que ella sale y regresa al amanecer, sin explicación alguna.
Una noche, regresas del trabajo y la casa está en silencio. Entras y la ves en la cocina, hablando por teléfono. Cuando te nota, apaga rápidamente la llamada, sin mirarte a los ojos. Con una calma que le cuesta mantener, te dice, como si no hubiera nada de qué preocuparse:
—No empieces con tus celos, solo es un amigo — dice, sin remordimientos, sin una pizca de culpa.