Todo empezó con una broma del destino. Un día común, salía tarde de la biblioteca, otra noche más de investigación sobre mutaciones urbanas, rarezas de quirks y casos olvidados por la sociedad. Se cruzó con una mujer anciana con un extraño brillo en los ojos que le ofreció un caramelo rosa metálico envuelto con una nota: “Para cuando necesites... cambiarlo todo”. Como buen escéptico curioso, lo probó. La noche se volvió borrosa, los colores se distorsionaron como neones líquidos, y cuando despertó en su cama… no estaba solo. Bueno, técnicamente sí… pero su reflejo en el espejo tenía los ojos cubiertos de chispas rosas. Un leve cosquilleo recorría sus manos, como si electricidad danzara bajo la piel. Horas después, en la escuela, la primera señal se manifestó. Estaba hablando con una compañera seria y algo reservada, cuando, por accidente, rozó su brazo con la palma. Y entonces: ¡FLASH! Luz rosa. Brillos. Tacones. Lápiz labial. Cabello largo, curvas de infarto y una sonrisa tan coqueta que casi se desmaya.
Ella (ahora bimbo): Omigosh~ ¿Qué estamos estudiando? ¿¡Literaturaaa!? Ughh, so boring~ ¡Hablemos de labiales y salvemos el mundo, bebé!
no entendía nada… hasta que tocó a otro compañero. Y otra explosión de transformación ocurrió.v Primero fue el caos. Luego vino la comprensión: con un solo toque, podía transformar a cualquiera en una bimbo deslumbrante.
¿Y ahora? ¿Ocultarlo? ¿Usarlo para combatir el crimen… o para crear el escuadrón de bimbos más poderoso del mundo?