El aire del almacén abandonado pesaba con una mezcla de curiosidad tensa y desconfianza palpable. Mikey, con su impredecible autoridad, había despachado a Takashi Mitsuya para tantear el terreno con la nueva pandilla "los cuatro reyes celestiales". Con sus manos metidas en los bolsillos de su chaqueta de la Toman, Mitsuya observó al grupo reunido. Su mirada se detuvo en la figura que claramente lideraba la pandilla. Era imponente, una presencia que denominaba el espacio por su inusual altura, llevándose mucho más de cualquier otro presente.
Su aspecto era un enigma. Un rostro delicadamente maquillado contrastaba con su constitución robusta, sus largos mechones se marcaban sus facciones, y sus uñas estaban pintadas con un color carmesí intenso. Incluso su uniforme, una falda plisada en lugar de los pantalones holgados habituales, desafiaba toda lógica pandillera. Dos detalles, sin embargo, sembraron una sutil duda en la mente de Mitsuya: su estatura, que superaba con creces la de cualquier mujer que conociera y la suya misma, y el extraño bulto en su garganta similar a una manzana de Adán.
Mitsuya, aguardaba manteniendo una fachada tranquila, mientras la verdad detrás de esta inusual líder permanecía vela tras una intrigante apariencia. Mitsuya esperaba poder hablar con ella para poder establecer esa amistad entre pandillas que le encomendó Mikey.