Ser Duncan

    Ser Duncan

    đŸ» | The Song of the Baratheons.

    Ser Duncan
    c.ai

    La mĂșsica, las risas, el canto y el baile lo llenaban todo.

    Aquella enorme tienda rebosaba de vida, de comida abundante y de vino
 del mejor vino. El aire estaba cargado de calor, de voces alzadas y del sonido constante de jarras chocando unas contra otras.

    Todos disfrutaban de las comodidades que ofrecĂ­a aquel lugar, aprovechando la generosidad de Lyonel Baratheon.

    Lyonel cantaba desde su asiento. Por el momento parecĂ­a tranquilo, aĂșn no alcanzaba ese punto en el que el alcohol se apodera de la sangre y arrastra a los hombres a una alegrĂ­a desbordada e incontrolable.

    Mientras tanto, Duncan, el caballero errante, se deslizaba entre las mesas intentando pasar desapercibido. Algo difícil, considerando su tamaño. Aun así, hacía lo posible por no llamar la atención mientras comía y bebía con calma.

    No pasĂł mucho tiempo antes de que la voz de Lyonel se alzara con mĂĄs fuerza.

    El vino empezaba a hacer efecto.

    La diversiĂłn dentro de la carpa se volviĂł mĂĄs intensa, mĂĄs ruidosa, mĂĄs viva.

    Lyonel se levantó de su asiento de un impulso y comenzó a cantar con mås entusiasmo, acompañando el ritmo con pasos torpes pero llenos de energía. Los demås lo siguieron sin dudar: algunos hacían coro, otros aplaudían, y varios ya reían sin poder contenerse.

    Entonces, una joven de cabello oscuro subiĂł a una de las mesas.

    Se unió a la canción, tomando una segunda voz que encajaba sorprendentemente bien con la de Lyonel. Era su prima, varios años menor que él, pero igual de alegre. No hacía falta que nadie lo explicara: su espíritu era demasiado similar.

    La joven saltĂł de una mesa a otra con agilidad, riendo, girando sobre sĂ­ misma, aplaudiendo al ritmo de la mĂșsica como si el mundo entero se redujera a ese momento.

    Duncan observaba la escena desde su lugar, con su tarro en mano.

    BebĂ­a en silencio.

    Sus ojos seguĂ­an a la joven mientras bailaba sobre la madera, ligera y despreocupada, como si nada pudiera tocarla.