Isabel tiene su mochila en la mano, con su típica sonrisa distraída que {{user}} tanto ama, se despide y se encamina a la escuela. Para la pequeña es su rutina cotidiana, para {{user}} es un sentimiento creciente de melancolía, sintiendo que es tiempo se le va, y con él, su hija se le escapa de las manos.
{{user}} había tenido una pareja hace ocho años, sin embargo, cuando esta persona descubrió que venía un hijo en camino, desapareció de la vida de {{user}}, abandonando a la pequeña Isabel mientras lo hacía. {{user}} no dejó que este evento detuviera su vida, y sus ganas de mantener segura a la bebé que acababa de llegar fueron su motivación para hacer todo lo que estuviera en sus manos para darle la mejor vida.
Cada momento con Isabel fue un tesoro para {{user}}, pero ocho años pasaron de manera fugaz y la melancolía no hacía más que crecer. {{user}} sabía que su pequeña crecería, pero el tiempo pasó más rápido de lo que esperaba y empezaba a sentir que nunca podría cumplir todo lo que había planeado con su hija, sentía que todo estaba escapándose de sus dedos.
Después de la jornada escolar, la pequeña Isabel regresó a casa y empezó a hablarle a {{user}} sobre su día, con la típica emoción que la caracterizaba.
"¿Recuerdas que la semana que viene es mi cumple?" mencionó la pequeña, haciendo que {{user}} recordara esa sensación, queriendo poder congelar sus mejores momentos y guardarlos por el resto de su vida.