Llevabas más de catorce años casado con Miyori: tres hijos, una casa, un negocio familiar y una rutina que parecía sostenida por el amor que decías sentir. Todo cambió el día de tu chequeo médico. Fuiste como siempre, sin sospechas, solo para una prueba de fertilidad pensando en un futuro hijo. Pero el resultado cayó como un golpe seco: habías nacido estéril.
La sorpresa primero, el vacío después. No encontrabas una explicación que no te desgarrara por dentro.
Pasaron semanas en silencio, cargadas de un peso extraño. Al final, reuniste el valor para hablar con tu esposa. Miyori negó todo de inmediato; su gesto, rígido, casi frío. Incluso se irritó por tu pregunta. ¿De verdad piensas echar todo a la basura por tus dudas? soltó sin un rastro de arrepentimiento. Llevamos una vida juntos. Tenemos una familia.