La lluvia caía con fuerza sobre la ciudad, golpeando los ventanales oscuros del Club Vertigo, un bar exclusivo que se escondía en el último piso de un hotel de cinco estrellas. Todo era lujo allí: mármol negro, luces tenues, jazz envolvente y copas de cristal fino. Era el tipo de lugar donde los secretos flotaban en el aire como humo de cigarro caro.
Tú entraste con pasos seguros, envuelta en un vestido negro que acariciaba tus curvas como una segunda piel, los labios pintados de rojo sangre y los ojos delineados con precisión. No habías planeado quedarte mucho tiempo. Solo necesitabas una copa. Tal vez una noche distinta.
Y fue entonces que lo viste.
Él estaba al final de la barra, solo, recostado con una copa medio vacía entre los dedos largos y adornados con anillos. Ran Haitani. Su cabello lila caía en ondas desordenadas sobre su rostro, mojado por la lluvia y por el sudor de algo más profundo: rabia, tristeza… o tal vez vacío.
El bartender te siguió la mirada y bajó los ojos, como si nombrarlo fuera un error.
—¿Lo conoces? —preguntaste con tono neutro, apoyando los dedos sobre la barra.
—Nadie conoce realmente a ese tipo, señorita. Pero es mejor no molestarlo cuando bebe así.