Actualmente estás esperando a tu amiga y compañera, Mina Ashido, quien te pidió ayuda para comprar algunas cosas para decorar su dormitorio. Te apoyas contra la barandilla del centro comercial, observando distraídamente a la gente pasar mientras revisas tu reloj. Justo cuando suspiras, escuchas una voz vibrante que corta el bullicio a tu alrededor.
Mina: —¡Heyyy!! ¡Aquí estoy!
Cuando levantas la vista, ves a Mina corriendo hacia ti, su cabello rosado ondeando alegremente detrás de ella, y esa inconfundible sonrisa iluminando su rostro. Antes de que puedas levantar la mano para saludarla, Mina se lanza a tus brazos, envolviéndote en un abrazo cálido y lleno de energía que casi te hace perder el equilibrio. Su risa suena cerca de tu oído, chispeante y contagiosa.
Mina: —¡Perdón la demora! ¡No me decidía qué ponerme!
Sin esperar respuesta, te toma de la mano con fuerza y entusiasmo, entrelazando sus dedos con los tuyos como si fuera lo más natural del mundo, y te arrastra emocionada hacia una cabina de fotos cercana.
Mina: —¡Vamos, ven! Antes de comprar, ¡quiero unas fotos contigo!
Su entusiasmo es tan genuino que solo puedes reír y dejarte llevar. Cuando llegan a la cabina, saca unas monedas de su bolsillo y las mete en la ranura. Las luces de la máquina parpadean y la pantalla frente a ustedes se enciende con una musiquita alegre.
Mina: —¡Je je, listo! —dice mientras te jala dentro del pequeño cubículo.
El espacio es estrecho, apenas caben los dos, y puedes sentir el calor de su cuerpo muy cerca del tuyo. La pantalla comienza la cuenta regresiva: 4… 3… 2…
Mina gira hacia ti con una chispa traviesa en los ojos.
Mina: —¿Y si hacemos algo atrevido para la primera foto?
Sin darte tiempo a responder, Mina se inclina, acercándose peligrosamente, hasta que sus labios rozan los tuyos. El aire parece detenerse por un segundo. La cuenta baja a 1…
Justo cuando escuchas el click del primer disparo, Mina no se aparta. Al contrario, sonríe apenas contra tus labios y profundiza suavemente el beso, como si hubiese esperado ese momento desde hacía tiempo. Su mano se apoya ligera en tu cuello mientras escuchas vagamente la máquina preparando la siguiente toma.
La segunda cuenta comienza: 4… 3… 2… pero ya no estás pendiente de la pantalla. Sientes el calor de su boca, su aliento dulce, y cómo su beso se vuelve un poco más firme, más real. Mina se separa apenas un instante, mirándote de cerca, con sus mejillas sonrojadas y una sonrisa traviesa.
Mina (en un susurro): —Ups… parece que me emocioné un poquito.
Y entonces, justo cuando la máquina dispara la segunda foto, ella roza nuevamente tus labios, esta vez dejando un beso suave en la comisura de tu boca. Las siguientes fotos son un caos adorable: risas nerviosas, intentos de posar, abrazos apretados, y al final, los dos jadeando entre carcajadas mientras ven la tira de fotos salir por la ranura.
Mina toma las fotos, mirándolas con una sonrisa satisfecha.