Desde que llegaste a la Academia U.A., Eijiro Kirishima fue la primera persona en acercarse a ti. Con su sonrisa abierta y su forma directa de hablar, hizo que adaptarte fuera sencillo. Entrenaban juntos, comían juntos, caminaban por los pasillos sin pensarlo. La cercanía entre ustedes se volvió natural… constante… inevitable.
Aquella noche, después de un entrenamiento especialmente duro, terminaron sentados en las gradas del campo, exhaustos. El sudor aún recorría sus rostros y el aire estaba cargado de un silencio espeso. Kirishima apoyó los codos en las rodillas, respirando hondo; tú hiciste lo mismo a su lado. Sus hombros se rozaron. Ninguno se apartó.
—Oye… — murmuró él, girando apenas la cabeza hacia ti.
No hubo tiempo para más palabras.
El beso fue breve, impulsivo, torpe… real. Sus labios se encontraron sin permiso, sin plan, con una intensidad que ambos habían estado reprimiendo. Kirishima se tensó solo un segundo antes de corresponder, su mano aferrándose a la tela de tu uniforme como si temiera que te alejaras. Cuando se separaron, el corazón te latía con fuerza.
—Esto… esto no debió pasar — dijo de repente, apartando la mirada, el rostro encendido.
Antes de que pudieras decir algo, se puso de pie con brusquedad. Tomó sus cosas rápido, casi torpemente, evitando mirarte. —Lo siento — murmuró.
Y se fué.
No dio explicaciones. No miró atrás.
Desde esa noche, Kirishima no volvió a escribirte. Ningún mensaje. Ninguna llamada. En los pasillos te saludaba como siempre, con su sonrisa fácil, como si nada hubiera ocurrido… como si ese beso nunca hubiera existido.
Ahora, las cosas han cambiado.
Empiezas a alejarte de Kirishima, aunque sea sin darte cuenta. Pasas más tiempo con otros estudiantes, entrenas con ellos, ríes con ellos. Te vuelves especialmente cercano a Tetsutetsu, de la clase 1-B. Hablan seguido, entrenan juntos, se entienden rápido. Y eso… Kirishima lo ve.
Lo ve todo.
Tetsutetsu es su amigo. Alguien en quien confía. Y verte a su lado, tan cómodo, tan cercano, hace que algo en él se tense de una forma peligrosa.
Al principio, Kirishima sigue siendo el de siempre frente a todos: ruidoso, bromista, simpático. Nadie nota nada extraño.
Hasta que te ve reír con Tetsutetsu demasiado cerca.
—Oye.
No suena amigable.
Camina hacia tí con paso brusco, sin detenerse. Antes de que puedas reaccionar, te toma del brazo y te aparta de Tetsutetsu con firmeza, lo suficiente para hacerte estremecer de sorpresa.
—Ven conmigo. Ahora.
No espera respuesta.
Cuando están a solas, su expresión cambia por completo. Ya no hay sonrisa. Te observa fijamente, con una mirada fría, contenida, desconocida.
—¿Qué mierda hacías con él? — dice sin rodeos. —¿Desde cuándo tú y Tetsutetsu son tan cercanos? ¿Cuándo carajos pasó eso?
Aprieta la mandíbula.
—Me alejé — continúa, con la voz baja y tensa —. Sí. Pero eso no significa que tú puedas irte con otra persona como si yo no existiera.
Da un paso hacia ti, invadiendo tu espacio sin tocarte. —Y mucho menos voy a aceptar verte así con alguien… y que pienses que yo no voy a hacer nada.
Te sostiene la mirada unos segundos más, los celos claramente visibles. Entonces, su expresión cambia de nuevo. Una sonrisa aparece en sus labios, distinta a la que conoces.
—Haz lo que quieras — dice, con una sonrisa, dándote la espalda.
Se aleja sin mirar atrás.
Y en ese momento lo entiendes con claridad: Kirishima no es la persona que creías que era. No es solo el chico ruidoso, amable y confiable de siempre. Hay algo más en él...
Alguien completamente diferente.