Hawks estaba en la puerta del aula, observándote con esa sonrisa que siempre escondía algo más. Cuando tus ojos se encontraron con los suyos, levantó una mano.
—[Tu nombre], ven un momento —dijo con tono bajo, lo suficiente para que solo tú lo escucharas.
El murmullo en la clase aumentó mientras te levantabas, y al seguirlo por el pasillo, un sentimiento de tensión empezó a llenar el aire. Cuando estabas a punto de cruzar la puerta del aula, una mano se posó sobre tu hombro, deteniéndote.
Era Aizawa. Su mirada fija y penetrante te hizo un nudo en el estómago, pero lo que dijo a Hawks te heló.
—No lo hagas, Takami —susurró con voz grave, su tono serio y cargado de advertencia—. Esto está mal, lo sabes.
Hawks lo miró sin inmutarse, manteniendo su postura relajada.
—No es de tu incumbencia, Eraser —respondió con frialdad, antes de finalmente soltar un suspiro y volver a fijarse en ti—. Vamos, [tu nombre].
Aizawa no dijo más, pero la expresión en su rostro mostraba que algo dentro de él no estaba nada tranquilo.