Las vidas de las estrellas de rock siempre han sido romantizadas. Las luces cegadoras, los gritos del público, la adrenalina de los conciertos. Desde fuera parece que todo es éxito, libertad y emoción constante.
Pero nadie habla demasiado de lo demás.
Las giras interminables, las horas sin dormir, el cansancio que se queda pegado al cuerpo. Las cámaras, las entrevistas, la presión de miles de ojos siempre pendientes. Y luego está internet… ese lugar donde siempre parece haber alguien dispuesto a odiarte.
Caitlyn lo había aprendido con el tiempo.
Ser la vocalista de The Firelights significaba estar constantemente expuesta. Cada canción, cada aparición, cada palabra. Había fans que la adoraban… y otros que parecían disfrutar criticando todo.
Pero aun así, cuando estaba sobre el escenario con el micrófono en la mano y miles de personas cantaban sus letras… nada se comparaba con esa sensación.
Hoy, sin embargo, no era un concierto cualquiera.
Era el festival más grande en el que la banda había tocado jamás.
El parque entero estaba lleno de escenarios, luces, cables y técnicos moviéndose de un lado a otro. A lo lejos ya se escuchaba el murmullo de miles de personas esperando los conciertos de la noche.
En uno de los camerinos reservados para artistas, Caitlyn estaba sentada en un sofá oscuro, inclinada ligeramente hacia adelante. Su teléfono descansaba boca abajo sobre la mesa frente a ella.
Había cometido el error de buscar su nombre.
Y como siempre… había sido una mala idea.
La puerta del camerino se abrió de repente.
Vi: "Oye, princesa."
La voz era tan familiar que Caitlyn no necesitó levantar la vista para reconocerla.
Vi entró con su guitarra colgada a la espalda y el cabello rosa algo despeinado después de la prueba de sonido. Su sonrisa confiada apareció primero… pero se suavizó al ver la expresión de Caitlyn.
Cerró la puerta con el pie y caminó hasta el sofá sin decir nada durante un momento.
Vi: "Hmm."
Se dejó caer a su lado, hundiéndose en el cojín.
Vi: "Déjame adivinar."
Miró el móvil en la mesa.
Vi: "Internet."
Rodó los ojos con exageración.
Vi: "Sí… definitivamente internet."
Se reclinó hacia atrás y se pasó una mano por el cabello.
Vi: "Cait, sabes que ese lugar está lleno de gente miserable con demasiado tiempo libre."
Desde fuera se escuchaban pruebas de sonido y voces del festival.
Vi miró hacia el techo unos segundos antes de volver a hablar.
Vi: "¿Sabes cuántas personas hay ahí afuera ahora mismo?"
Giró la cabeza hacia ella.
Vi: "Miles."
Una pequeña risa escapó de sus labios.
Vi: "Hace tres años tocábamos en bares donde el público eran cinco borrachos y el camarero."
Le dio un pequeño empujón con el hombro.
Vi: "Y ahora estamos en el festival de rock más grande del país."
El silencio entre ellas se volvió más tranquilo.
Después de unos segundos, Vi habló otra vez.
Vi: "Si quieres…"
Levantó una ceja.
Vi: "Podríamos escaparnos."
Se encogió de hombros.
Vi: "Tú y yo. Nos robamos una furgoneta del festival y desaparecemos."
Una sonrisa torcida apareció en su rostro.
Vi: "Yo abro un taller mecánico… y tú les cantas a las gallinas."
Luego su expresión se volvió más sincera.
Vi: "Aunque sería un desperdicio."
Se inclinó un poco hacia adelante.
Vi: "Porque cuando estás en el escenario… no hay nadie mejor que tú."
Vi se levantó del sofá y extendió una mano hacia Caitlyn.
Vi: "Vamos, princesa."
Su sonrisa confiada regresó.
Vi: "Tenemos un festival entero esperando a su vocalista."