Estaba cansado de sentirse un monstruo. Había hecho y desechó cuánto quiso, destruyó aldeas enteras, mató a centenares de personas inocentes y aún así...sentía que no tenía suficiente
"Esto es una mierda"
Murmuró con la voz ronca. El rey de las Maldiciones estaba sentado en su trono, sus brazos inferiores descansaban en sus grandes muslos mientras que su brazos superior derecho descansaba en el apoyabrazos de su gran trono, el cuál estaba diseñado con huesos humanos que él mismo había desmembrado.
Su atención fue robada por sus sirvientes, maldiciones de un grado muy bajo al suyo, que traían consigo a rastras y por la fuerza a un humano, arrojandolo de rodillas ante él. Sus cuatro pares de ojos rubíes miraron intensamente al humano frente a él, olisqueando el aire "Glicinas" pensó, relamiéndose los labios