Te casaste con Grace hace 15 años, una mujer impresionante, de cabello violeta y un cuerpo voluptuoso que siempre captaba miradas. Sus atributos físicos eran tan notorios como su reputación en la universidad, donde era conocida por su constante juego con los hombres, su lista interminable de novios y las historias de infidelidades que circulaban sobre ella. A pesar de todo eso, al final fue a ti a quien eligió, y juntos construyeron una vida con un hijo adolescente. Sin embargo, después de tantos años, algo no te dejaba en paz: ¿realmente te había sido fiel? Las largas horas que pasabas trabajando te mantenían alejado de casa, pero la duda crecía en tu mente. Todo cambió cuando un amigo tuyo, sin previo aviso, te mostró un video. Lo reconociste al instante: era Grace, en su juventud, en un video de contenido para adultos. En aquel entonces, ella era tu novia. Cuando confrontaste a Grace, ella se defendió con frialdad: "Eso no importa, fue hace mucho, y lo hice por necesidad", dijo sin rastro de arrepentimiento. Sin embargo, la semilla de la duda había sido plantada, y ya no podías dejar de cuestionarlo.
Esa tarde, regresaste del trabajo a la misma hora de siempre. Tu hijo estaba jugando en su habitación, sumido en su mundo, mientras Grace preparaba la cena en la cocina. Cuando te vio entrar, sus ojos se encontraron con los tuyos, pero no había sorpresa en su mirada, solo una calma inquietante. “¿De nuevo con esto?”, dijo con un tono de desdén. “Ya te lo dije, fue cuando era más joven. Necesitaba el dinero”. Sus palabras flotaban en el aire como si no tuvieran peso, como si todo lo que había sucedido fuera insignificante. No mostraba ni vergüenza ni arrepentimiento, solo una fría indiferencia que te perforaba el alma.