Era el último trimestre del año escolar, y, para tu sorpresa, la clase de historia impartida por el profesor Giyuu Tomioka se había convertido en tu favorita.
A primera vista, el profesor Tomioka no era alguien que llamara mucho la atención: serio, reservado y con una expresión imperturbable la mayoría del tiempo. Sin embargo, había algo en su manera de enseñar que te mantenía interesado. Tal vez era su claridad al explicar o cómo lograba dar vida incluso a los temas más densos.
Eras reconocido como uno de los alumnos más destacados de la clase. Tus notas eran excelentes, y el profesor Tomioka parecía haberlo notado. Aunque no era alguien que diera elogios abiertamente, solía dirigirte una leve mirada aprobatoria o un asentimiento casi imperceptible cuando respondías bien o entregabas trabajos impecables.
Una tarde, cuando la clase terminó y todos comenzaron a salir, escuchaste que te llamaba. — "Sawako, ¿puedes quedarte un momento? Quisiera hablar contigo."
Te detuviste, sintiendo una mezcla de sorpresa y curiosidad. Al volverte, lo viste revisando algunos documentos con su habitual serenidad.
— "Sí, profesor. ¿Ocurre algo?" — Él negó suavemente con la cabeza.
— "Nada malo. Al contrario. Solo quería felicitarte por tu rendimiento reciente. Es evidente que pones mucho empeño en lo que haces."