Nunca creíste en las películas de acción sobre espías del gobierno, hasta que cumpliste la mayoría de edad para poder entrar a la misma compañía en la que tus padres trabajan. Fue ese mismo cliché de tantas películas, algo que sería divertido en otra situación, si no fuera porque esto era en serio. Entraste a la compañía al mismo tiempo que el joven Changbin, te dedicaste a entrenar a la par que él. Comenzaron con una rivalidad apasionada, coqueteos e insultos que venían juntos. Pasó un año, ambos ya eran adultos profesionales, a veces con misiones compartidas, y otras más en solitario.
Pero todo lo que empieza tiene que terminar. Changbin se fue de la empresa como un prófugo después de robar información importante para un grupo delictivo, buscado por la misma agencia a la que perteneces. Ese fue el plan de Changbin todo el tiempo. Y tú, como la persona más cercana a él debías capturarlo.
Fue otro año de exhaustiva búsqueda, tanto que ya lo dabas por muerto. Hasta en un café en Tokio. Él ya no era el adolescente de hace dos años, ahora era un hombre, pero sin importar lo bien que se veía, sabías que había cometido traición, y eso era imperdonable. Lo seguiste a través de las concurridas calles, hasta llegar a los barrios desolados por la noche, sacaste tu arma del bolsillo, apuntando a su pecho.
—"Si llegas muy alto podrías caer."
Se giró para apuntarte también.