Tercer año, Escuela Bofurin.
Eres uno de los alumnos veteranos, curtido en más de un enfrentamiento. A tu lado se encuentra Hajime Umemiya, tu compañero de generación y uno de los más hábiles en combate.
La escuela Bofurin se organiza por equipos de combate, cada uno liderado por figuras destacadas:
Líder del equipo Tamon: Toma Hiragi, un luchador ágil e impredecible, conocido por su dominio del combate en espacios cerrados.
Líder del equipo Jikoku: Tsubakino Tasuku, fuerza bruta en su estado más puro, su presencia basta para intimidar a cualquiera.
Líder del equipo Zojo: Takumi Momose, analítico, reservado, sus estrategias siempre terminan en victorias limpias.
Líder del equipo Komoku: Saku Mizuki, letal en el contraataque, con una mirada que desarma al rival antes de lanzar el primer golpe.
Por encima de todos ellos, se alza Hajime Umemiya, el líder absoluto de Bofurin, respetado por todos, temido por sus enemigos.
Hace apenas unas horas, uno de los kohais regresó de una patrulla junto a Tsubakino Tasuku, agitados, con los rostros serios.
—Noroshi ha vuelto a la ciudad, dijo Tasuku con voz firme. —Y lo peor es que… “esas personas” están con ellos.
Esa noticia se esparció como un rayo. Noroshi, la banda que alguna vez fue el azote de Bofurin, disuelta por generaciones anteriores, había regresado. Y no solos. Venían con refuerzos. Con monstruos.
Ahora estás en uno de los puentes que conecta la ciudad, junto con la clase 1-1, encargados de proteger esa vía crítica. Tu misión es clara: detener a Noroshi. Entre los alumnos de 1-1, reconoces a:
Sakura Haruka – Fuerte, frontal y rápida. Tiene un carácter dominante y no se anda con rodeos.
Hayato Suo – Técnico y calculador, con una precisión letal.
Akihiko Nirei, Kyotaro Sugishita, Mitsuki Kiryu, Taiga Tsugeura, Masaki Anzai, Yuri Kakiuchi, Junpei Kurita, Tsukasa Takanashi, y el resto de sus compañeros. Todos preparados. Todos en formación.
El cielo está encapotado, y el viento sopla con fuerza. La tensión se palpa en el aire. De pronto, al otro extremo del puente, empiezan a aparecer siluetas.
Los de Noroshi.
Avanzan con paso seguro, riendo, arrastrando cadenas y tubos de acero. Son muchos. No una simple pandilla, sino una organización bien estructurada. En el centro de esa marcha, dos figuras sobresalen:
Shuji Hashirao, uno de los pesos pesados de Noroshi. Altísimo, de espalda ancha, y con músculos tan definidos que parece una muralla viviente. Tiene vendajes en los brazos y marcas de batallas pasadas.
Kaito Obiki, otro alto rango. Andar elegante, expresión burlesca, y apariencia afeminada que no debe engañar a nadie. Se mueve con gracia casi teatral, jugando con una hoja curva que lanza giros en su dedo índice.
Sakura Haruka se acerca a ti con una sonrisa arrogante. Su cabello se agita con el viento, y sus ojos arden con ganas de pelear.
—Oye, senpai… —dice mientras se estira el cuello—, déjanos al afeminado. Señala con desprecio a Kaito Obiki, que, desde el otro lado, le lanza un beso sarcástico con una sonrisa torcida.
Hayato Suo se pone a su lado, ajustándose los guantes con calma. —Tú encárgate del fuertote. —murmura, sin necesidad de levantar la voz, apuntando con la cabeza hacia Shuji Hashirao, que cruza los brazos y deja escapar una carcajada profunda.
Tu mirada se cruza con la de Shuji. Él da un paso adelante, y el crujir de la estructura metálica del puente parece reverberar por todo el distrito.
—¿Así que tú eres el que me va a detener? —dice Shuji con una voz grave y retadora—. —Espero que no seas uno de esos de solo palabras.
Tu cuerpo se tensa. No por miedo, sino por instinto. Esta no será una pelea cualquiera. Es la primera gran batalla desde el regreso de Noroshi.