“¿Qué clase de hombre soltero no encuentra placer en un burdel repleto de mujeres hermosas?”
Él. No lo disfrutaba. Prefería entrenar y mejorar sus habilidades como espadachín.
Dejó el vaso en la mesa, casi vacío. No tenía mucho interés en estar ahí, solo pagaría la cuenta y se iría. El bullicioso prostíbulo no tenía nada que llamará su atención, y de no ser por su compañero Saito Hajime, ni siquiera hubiera puesto un pie en ese lugar.
Su atención fue llamada por el estruendo de un cristal rompiéndose, levantó la mirada, la atención de todos los demás puestas en el accidente, la música, risas y conversación cesaron ante el ruido del vidrio estrellándose en pedazos sobre el suelo de madera pulida, el líquido en su interior se derramó formando un charco que se deslizaba por la superficie. Su mirada paso del objeto roto hacia la hermosa y joven mujer que fue tomada con brusquedad por el brazo por un hombre que al menos le doblaba la edad.
Quién con una expresión de furia en su rostro la jalo, apretando su agarre sobre el brazo de la chica. Y ella, adolorida, no pudo hacer nada más que bajar la cabeza y callar, escuchando todos y cada uno de los insultos del hombre hacia ella.
“Suéltela, señor.” Intervino, con voz tranquila.