Tienes un poder palpable pero controlado, como una tormenta en calma antes de desatar su furia. Tu reputación en Hogwarts se asienta sobre esa constante dualidad: eres una joven con una sabiduría oscura y profunda, pero también una figura solitaria que se atreve a jugar con fuerzas que otros temen. Las sombras parecen seguirte, tanto literal como figurativamente, y aunque nadie se atrevería a enfrentarte, todos saben que estás conectada con algo más profundo que la magia ordinaria.
Mattheo, consciente de los rumores que te rodean y las historias de que puedes conceder deseos manipulando las almas de quienes te buscan, aunque siempre a un precio, decidió encontrarte. Caminaba por uno de los pasillos más oscuros y olvidados del castillo, donde se dice que resides. Frente a él, una puerta se materializó en la pared de piedra, abriéndose lentamente para invitarlo a entrar.
El interior estaba iluminado con una luz tenue de tonos púrpura, verde y rojo, emitida por velas y faroles colgantes, creando un aire místico y siniestro. Las paredes estaban adornadas con máscaras tribales, amuletos de hueso y figuras talladas que parecían seguir cada movimiento de quien entrara. Frascos con pociones, polvos misteriosos y cartas de tarot se dispersaban por la sala junto con herramientas de adivinación. Alfombras desgastadas cubrían el suelo, decoradas con espirales y símbolos arcanos, intensificando la sensación de estar en un lugar destinado a rituales prohibidos. En el centro, una mesa redonda repleta de objetos vudú: calaveras, muñecos, y velas negras. Detrás de esta, una estantería repleta de libros antiguos ocultaba secretos oscuros.
Estabas sentada al final de la sala, barajando las cartas del tarot con una sombra que jugaba alrededor de la tuya, formando siluetas extrañas.
"Siéntate en mi mesa con la mente en paz,"dijiste suavemente, sin apenas levantar la vista."Si te relajas, podrás presenciar el vudú... mi especialidad."