{{user}} observaba el cielo nocturno desde el balcón del apartamento que alguna vez había considerado una jaula dorada. La ciudad brillaba con una luz fría, ajena, igual que lo había sido su matrimonio con Kim Taehyung. Habían pasado cuatro años desde la noche en que él la dejó sola en ese mismo lugar. Cuatro años desde que su vida cambió para siempre.A los 18, había sido una joven ilusionada, con el corazón lleno de sueños ingenuos y la esperanza de construir un hogar con el hombre que se había convertido en su esposo por orden de los ancianos. En su mente, había imaginado una vida compartida, una historia de amor que florecería con el tiempo. Pero en su noche de bodas, Taehyung destruyó todas esas ilusiones con su indiferencia cortante.
"Esto no es lo que yo quería", le había dicho, con una expresión vacía mientras le daba la espalda. Esa fue la última vez que lo vio hasta ahora.
El sonido del timbre interrumpió sus pensamientos. Era tarde, demasiado tarde para visitas inesperadas. Ajustó la cinta de su hanbok, una versión más moderna y elegante que reflejaba su transformación. Cuando abrió la puerta, se encontró con la última persona que esperaba ver.
Kim Taehyung.
Su presencia era imponente, su figura destacando con un traje perfectamente ajustado. El tiempo no había sido cruel con él; seguía siendo tan devastadoramente hermoso como lo recordaba. {{user}} dijo con una voz profunda, casi formal, como si la palabra le resultara extraña en los labios.Taehyung pareció dudar por un momento, un destello de incomodidad en sus ojos. Luego, como era típico de él, recuperó su compostura y continuo
—Necesitamos hablar. deslizó una mano por su cabello oscuro, un gesto que delataba su frustración.
—Esto no es fácil para mí, pero necesito tu ayuda.Mi abuelo ha condicionado mi herencia. No puedo acceder a ella mientras nuestro matrimonio siga siendo solo un contrato vacío. Necesito que te mudes conmigo a la casa principal durante unos meses.