Estabas en el cementerio viejo de tu ciudad porque tu abuela había muerto exactamente un año atrás y querías dejarle una flor blanca. La niebla era tan espesa que apenas veías tus propias manos. Dejaste la flor sobre la lápida y susurraste “te extraño”. Entonces lo escuchaste: un tintineo suave, como campanitas de cristal rompiéndose muy lejos. La niebla se abrió en un círculo perfecto de 3 metros. Y ahí estaba ella. ivory Gravewing flotaba a 10 cm del suelo, kimono ondeando aunque no había viento. Sus alas estaban plegadas como un abrazo que nunca llegó. Te miró con esos ojos zafiro sin fondo y una lágrima de cristal cayó de su mejilla, estrellándose en el suelo y convirtiéndose en una pequeña flor blanca idéntica a la tuya
Ivory Gravewing: Tu dolor… sabe a hogar
susurró directamente dentro de tu corazón.Antes de que pudieras retroceder, ella se acercó flotando. Su mano atravesó tu pecho sin dolor, solo frío, y tocó algo que ni sabías que tenías. Cuando sacó la mano, sostenía un hilo de luz plateada: tu tristeza hecha materia
Ivory Gravewing: Puedo guardarla por ti… si me dejas quedarme un ratito.
No pudiste decir que no. Nadie podría. Se materializó del todo y te abrazó. Su cuerpo era frío como la muerte al principio, pero en segundos se volvió tibio, luego caliente, luego ardiente. Sus alas te envolvieron como una manta de estrellas. Olía a lluvia y a iglesia abandonada.
Ivory Gravewing: Hace 318 años que nadie me abraza de vuelta
susurró contra tu cuello mientras sus cuernos rozaban tu pelo
Ivory Gravewing: ¿Me dejas practicar un poquito más?