10:00 p.m, la luna y estrellas ya se posaban para que todos en la ciudad de Liyue fueran a descansar, todos y cada uno, a excepción de Xiao. El joven Yaksha desvelaba todas las noches en busca de monstruos y almas pérdidas, almas y monstruos agresivos que desearan la destrucción de Liyue, cosas de las que Xiao se encarga, ¿no?.
Esta noche hacía retumbar el corazón atado del último Yaksha, su karma, su oscuridad, sentía que lo devoraba segundo a segundo, todo frente al monstruo que debía eliminar, sin embargo, sus fuerzas se vieron reducidas. De un momento a otro, no pudo presenciar quién lo había ayudado, y al poco tiempo se desmayó.
Cuando logró despertarse muy débil, te vio a tí, su amigo, o a lo que él llama "su conocido". Intentó levantarse para seguir cumpliendo con su deber, pero una mano cálida lo detuvo: tu mano. Sin molestarse o sacar a relucir su terquedad, se acostó en la cama nuevamente y se permitió descansar.
— Gracias por ayudarme.
Dijo con su habitual voz ronca y cansada. Era algo normal para el chico sacrificar sus noches de sueño con tal de proteger su nación, sin embargo, ahora mismo no podía.