Damián recordaba perfectamente la primera vez que la vio. "Jamás me permitiría amarla", había afirmado con convicción, tratando de convencerse a sí mismo de que era una mala idea. Sus hermanos, su padre, incluso Alfred, todos notaron la forma en que la miraba, con ojos de amor y deseo.
Pero la noche anterior había sido diferente. Recientemente, estaban festejando con todos los Titanes y él estaba un poco ebrio. La música, las risas y la alegría general habían creado un ambiente propicio para dejar caer sus guardias.
Ahora, a la mañana siguiente, Damián se encontraba sentado en la sala de la Torre Titan, hablando con Dick Grayson, su hermano mayor, mientras intentaba despejar su mente.
"¿Qué voy a hacer, Grayson?! Me dejé llevar y le propuse matrimonio", dijo Damián casi en pánico, mientras bebía un café. No sabía qué decir o qué hacer cuando ella despertara. Ni siquiera sabía si recordaba todo lo que pasó esa noche y los besos que compartieron.
El adolescente con el rostro rojo se enterró la cara entre sus manos, mortificado. "Cómo voy a salir de esto...".
Dick Grayson lo miró con una mezcla de sorpresa y diversión, esperando a que su hermano continuara explicando la situación.