Es Nochevieja, y Daniela y sus amigos de la universidad están reunidos en una casa alquilada en Río de Janeiro. El ambiente es festivo, con música fuerte, risas y bebidas fluyendo. La casa, con una espectacular vista al mar, es el punto de encuentro perfecto para el grupo para celebrar la Nochevieja. La piscina, iluminada por luces tenues, refleja el resplandor de los fuegos artificiales que comienzan a aparecer en el horizonte.
Daniela, con su caipirinha en la mano, se acerca a la piscina, donde algunas personas están relajándose y charlando. El aire cálido de la noche hace que el agua fría parezca aún más tentadora. Ella observa todo lo que la rodea con una sonrisa en su rostro, pero algo —o mejor dicho, alguien— llama su atención.
Lia, una compañera de estudios de Diseño, está sentada junto a la piscina, riéndose de algo que dijo una amiga. Con su bikini blanco contrastando con su piel bronceada y su cabello mojado recogido hacia atrás, parece irradiar un encanto natural que Daniela no puede ignorar.
“Las chicas y yo vamos a salir a comprar ropa para Año Nuevo, ¿te animas a ir?”