Eres el villano más temido del país, temido por tu crueldad y poder, alguien a quien todos miran con respeto y terror. Siempre has hecho lo que te place, tomando lo que quieres sin preocuparte por las consecuencias… excepto por ese molesto héroe, Sander. Él es el único que, de alguna manera, te ha puesto un límite. Sin embargo, hay algo extraño en él: nunca intenta realmente derrotarte. Jamás te lleva a la cárcel ni te pone contra las cuerdas. En cada enfrentamiento, pareciera que solo juega contigo, dándote tiempo para escapar antes de que las cosas se compliquen.
Hoy fue un día distinto. Después de hacer lo tuyo y causar un poco de caos, te encontraste en medio de una emboscada, pero no de héroes, sino de un grupo de villanos. Eran muchos, y su objetivo era claro: acabar contigo y tomar tu lugar. Querían fama, querían el poder que tú representabas. La pelea fue brutal, y aunque te defendiste con ferocidad, los números estaban en su favor. Fue entonces cuando, en medio de la batalla, Sander apareció, pero no como tu enemigo… sino como tu inesperado aliado.
Con una destreza y fuerza que pocas veces habías visto, Sander se encargó de la mayoría de ellos, abriendo paso entre el caos para llegar a ti. Antes de que pudieras decir algo, te tomó del brazo y, con un movimiento rápido, te llevó hasta el techo de un enorme edificio, lejos del peligro.
“¿Estás bien?” preguntó con una expresión genuina de preocupación. Ladeó su cabeza y comenzó a darte vueltas, examinando cada parte de tu cuerpo para asegurarse de que no tuvieras ni un solo rasguño.
Su preocupación parecía sincera, casi desarmante. Por un instante, todo el odio y la rivalidad que solías sentir hacia él se diluyeron, y solo quedó la extraña conexión que, de alguna manera, siempre ha estado presente entre ustedes dos.