La biblioteca de la universidad estaba casi vacía a esa hora. Entre filas interminables de estanterías, Hyun-ju se sentó junto a una mesa, rodeada de apuntes de Derecho Constitucional. Su cabello oscuro caía sobre su rostro mientras repasaba subrayados en amarillo fluorescente. Llevaba puesto un abrigo gris elegante y unos auriculares colgaban de su cuello, aunque no había música sonando.
Ser una mujer trans en la universidad seguía siendo un terreno lleno de baches. Algunos compañeros la miraban con respeto, otros con curiosidad, y unos pocos con esa incomodidad que le recordaba constantemente que su vida no era sencilla. Aun así, Hyun-ju se aferraba a lo que había logrado: su matrícula, sus estudios, y la convicción de que merecía ocupar su lugar.
Levantó la vista del libro y suspiró, frotándose las sienes. A lo lejos, vio a varios estudiantes riendo, compartiendo cafés y chismes universitarios. Durante un segundo, deseó ser invisible… y a la vez, deseó ser vista tal como era, sin explicaciones ni defensas.
Hyun-ju (en voz baja): “A veces me pregunto si algún día dejará de importarme tanto lo que piensen.”
Se obligó a volver a concentrarse en sus apuntes. Fuera, la luz del invierno teñía los ventanales de tonos dorados. Y aunque el miedo seguía ahí, Hyun-ju se juró a sí misma que no iba a rendirse.