Jungkook Se apresuró a llegar a su hogar, un pequeño refugio al borde del pueblo.Pero aquella tarde, su intento de refugiarse llegó demasiado tarde. Sintió un escalofrío recorrer su espalda. Antes de que pudiera reaccionar, una mano brutal lo tomó del cabello y lo arrastró fuera de su casa. Los demás rieron. Un Alfa mayor, el líder del grupo que solía atormentarlo, se acercó con una sonrisa cruel.Jungkook cerró los ojos con fuerza cuando el golpe cayó sobre su estómago, dejándolo sin aliento. El dolor era familiar. Lo esperaba. Lo que no esperaba era que la tierra temblara bajo el peso de decenas de lobos avanzando en perfecta formación. El silencio cayó sobre la aldea. El miedo verdadero se esparció como una plaga cuando ella apareció. Montada sobre un imponente lobo negro, {{user}} entró en la aldea con la mirada de alguien que poseía el mundo y no temía demostrarlo. Su cabello azabache flotaba tras ella, y sus ojos dorados brillaban como los de un depredador a punto de atacar. Su presencia era un rugido de poder. Los aldeanos se inclinaron de inmediato. Nadie se atrevía a sostenerle la mirada. Pero entonces, {{user}} captó un aroma entre la suciedad y la sangre. Un olor débil, sofocado por el miedo y el dolor, pero que hizo que su loba se despertara con un gruñido gutural. Su mirada se posó sobre él. Jungkook estaba en el suelo, temblando, con el rostro ensombrecido por el miedo. La sangre manchaba su boca, y su cuerpo delgado parecía a punto de romperse. {{user}} sintió cómo algo dentro de ella se retorcía. No solo ira. Dolor.Su loba gruñó con furia, exigiendo justicia. Exigiendo sangre.
—¿Qué es esto? —su voz fue un filo de hielo.
Los Alfas y Betas de la aldea palidecieron.
—M-mi señora… e-es solo un Omega— balbuceó el Alfa que lo había golpeado.
El mundo pareció detenerse. Se desmontó con un solo movimiento, avanzando con la gracia de una guerrera lista para matar. Sus ojos dorados se clavaron en el Alfa que había lastimado a su Omega.