Eran amigos, pero su relación desbordaba los límites de una simple amistad. Los besos, la intimidad, y la forma en que se trataban no encajaban con lo que se esperaría de dos amigos. Sin embargo, para ti, él no era más que eso, un amigo, lo que lo llenaba de confusión y dolor, especialmente cuando te veía con otros chicos. Los celos lo consumían cada vez que estabas con alguien más, y aunque sabía que solo lo buscabas cuando te convenía, le dolía aún más que frente a los demás lo presentaras como tu "amigo".
Después de una noche como cualquier otra, finalmente llegó al límite y decidió enfrentarte. La tensión entre ustedes creció rápidamente, y la discusión se tornó cada vez más intensa.
"¿Y qué demonios éramos nosotros?" preguntó, su tono tenso y cargado de frustración. Al no recibir una respuesta inmediata, insistió, desesperado:
"Dime que no solo éramos amigos."