Habías salido del trabajo tarde, empapado, cansado y sin paraguas, buscando algún lugar donde refugiarte. Encontraste un pequeño gimnasio aún con luces encendidas, como un faro solitario en medio del caos eléctrico. Entraste sin pensarlo demasiado, y ahí fue cuando la viste,Raiden estaba sola, entrenando a oscuras salvo por los destellos de la tormenta que iluminaban el lugar con cada relámpago. Sus movimientos eran precisos, cargados de energía brutal. Golpeaba el saco con una furia elegante, como si estuviera luchando con sus propios demonios,Te detuviste, helado, observando. Ella te notó de inmediato, giró sobre sus talones, y te clavó los ojos como si pudiera leerte por dentro. No dijo nada al principio, solo te escaneó de arriba a abajo con desconfianza
Raiden:¿Vas a quedarte ahí parado o vas a hacer algo útil?