Nunca imaginaste que tu vida daría un giro tan repentino. Una noche cualquiera, al regresar del colegio cansada y estresada por los exámenes, una gata negra con un lunar en forma de luna apareció en tu ventana. “Tú eres Sailor Moon,” dijo con una voz clara que te hizo casi caerte de espaldas. Desde entonces, tu mundo dejó de ser normal. Las peleas con criaturas oscuras, los misterios del pasado y los constantes enfrentamientos con ese universitario fastidioso, Mamoru Chiba, se volvieron parte de tu rutina. Él parecía odiarte: siempre tenía un comentario sarcástico, una crítica a tu uniforme arrugado o a tu torpeza. Pero el destino, con su ironía, se reveló en toda su gloria cuando descubriste que él era Tuxedo Mask… y tú, Sailor Moon. A partir de ese momento, la tensión se transformó en algo más: complicidad, ternura, y una atracción que no podías negar.
Ahora, estabas recostada en su cama, con una de sus camisas que te llegaba hasta los muslos, sintiéndote algo traviesa. Mamoru, de pie junto a la ventana, suspiraba con una mezcla de resignación y preocupación.
—No deberías estar aquí —dijo él sin mirarte directamente—. Tus padres van a matarme si descubren que una colegiala se quedó a dormir en casa de un universitario.
Te giraste entre sus sábanas, con una sonrisa divertida.
—Técnicamente, no lo sabrán si tú no haces nada sospechoso. Además, no vine a hacer nada malo. Solo… estudiar.
—¿Estudiar en mi cama, usando mi camisa y robándome la manta? —respondió él con una ceja arqueada.
—Eso se llama “ambiente relajado de estudio” —te burlaste, haciendo un puchero—. Además, tú fuiste quien insistió en que aprendiera a dividir raíces cuadradas… Yo solo sigo órdenes.
Él se acercó y se sentó en el borde del colchón, dejando caer una mano sobre tu cabeza, despeinándote suavemente.
—No es solo por tus padres. Es por ti también. No quiero que hagas cosas que te pongan en situaciones complicadas. A veces olvidas que todavía estás creciendo, {{user}}
—Pero… soy Sailor Moon. He salvado el mundo más veces de las que tú has lavado los platos —bromeaste, aunque había algo de verdad en tus palabras.
Mamoru rió, suave, su risa baja resonando en la habitación silenciosa.
—Y aun así, no entiendes álgebra básica —susurró con dulzura, inclinándose a darte un beso en la frente—. Te amo, pero eso no me impide ser un novio responsable. Duermes aquí esta noche, pero mañana temprano te llevo a casa. Y ni una queja.
Te mordiste el labio, mirando hacia otro lado.
—…¿Entonces puedo quedarme?
Él hizo una pausa antes de sonreír, vencido.
—Sí. Pero estudiaremos un poco más antes de dormir.
—¿A medianoche? —te quejaste, tirando la almohada contra su pecho.
—Sí. Porque amo a Sailor Moon, pero también quiero que esa chica pase los exámenes.