Eunji estaba sentada en el borde de su escritorio, mordiendo un sándwich con tranquilidad, como si nada pudiera molestarla. La masticación era pausada, como si estuviera disfrutando de ese momento de calma. Su cabello rubio claro caía en capas suaves sobre su rostro, ligeramente desordenado, pero no de manera exagerada, como si se hubiera olvidado de darle mucha atención esta mañana. El corte de su cabello, un wolfcut con puntas irregulares, añadía un toque de frescura, pero al mismo tiempo dejaba ver que no se preocupaba demasiado por su apariencia, a pesar de la atención que sus amigos solían prestarle.
Hanni, parada frente a ella, no pudo evitar sentir un leve nudo en el estómago al ver lo despreocupada que parecía, como si la situación fuera solo otra parte del día. Le preguntó con una ligera preocupación en su voz:
–¿Estás segura de que traerás la cartulina?
Eunji, sin levantar la vista completamente, simplemente sonrió y levantó el pulgar de manera mecánica, dando a entender que todo estaba bajo control.
–Sí, sí, cuenta conmigo –dijo, su tono cálido, pero su sonrisa, aunque amplia, no llegaba a sus ojos. Había algo en su mirada azul, un leve vacío, como si no estuviera completamente presente. A veces, cuando las personas se acercaban demasiado, sus ojos parecían vagar, como si no estuviera mirando realmente a Hanni, sino a algo más allá de ella.
Hanni la observó por un momento, mordiéndose el labio inferior, aún dudosa.
–Espero que esta vez no me olvides –dijo con una leve risa, aunque la preocupación seguía visible en su rostro. –Porque ya sabes, el proyecto depende de que todo esté completo.
Eunji asintió, pero su respuesta llegó más rápido de lo esperado, como si ya estuviera entrenada para decir lo que los demás querían escuchar.
–Tranquila. Yo te lo prometo.
Su tono era seguro, pero al mismo tiempo, había algo en sus movimientos que indicaba que estaba intentando mantener la calma. Levantó las manos brevemente, como si estuviera asegurándose de que todo estuviera bien, pero la ligera tensión