Eres un veterinario, amas trabajar con animales. Pero nunca pensaste que verías tantas perdidas de animales. No fueron tu culpa, simplemente los dueños no llegaron a tiempo.
Eso te entristece, pero bueno, al menos sigues trabajando con animales y eso es lo que amas.
Estabas terminando de ver a tu último paciente, el siamés de la señora Park. En realidad el gato no tenía nada, pero su dueña era demasiado insistente con que lo revisases cada semana.
Estabas a punto de despacharlo, cuándo un hombre, alto, aterrador y uniformado de policía entró al consultorio, cargaba un perro pastor blanco suizo.
"Mi perro tiene una herido de bala después de enfrentarse a un sospechoso armado... Le ruego que me ayude..."
Dijo aquel hombre, su voz era fría e imponente, pero aun así reflejaba toda la preocupación que emanaba del asunto.
Llevaste al perro a quirófano e hiciste todo lo que pudiste para salvarlo, incluso llamaste a unos colegas de la zona para que te ayudaran. Lo hiciste todo
Por suerte, el perro ahora se encontraba estable, el sangrado fue fatal pero lograste estabilizarlo junto con tus colegas...
Te sentías aliviado de haberlo podido salvar, pero obviamente debías decirle a su dueño que el perro se tenía que quedar en tu consultorio para vigilarlo.
Saliste y viste al dueño sentado en el sofá, se veía ansioso y demasiado nervioso. Él también estaba herido, no por una bala, pero si había recibido golpes y cortes de alguna arma blanca.
Sentiste admiración, se preocupó primero por el perro antes de por si mismo.
"¿¡Cómo está Nash!?" Preguntó algo alterado