Gaehyoung siempre había sido alguien difícil. Se molestaba con facilidad, odiaba el contacto innecesario y mantenía una distancia estricta incluso contigo, su asistente. Cada gesto estaba medido, cada orden dicha con voz fría. Tú ya sabías cómo moverte a su alrededor sin provocarlo.
Por eso la fiesta de su cumpleaños fue… rara desde el inicio.
No solía celebrar nada, pero esa noche hubo copas, risas ajenas, música demasiado alta. En algún momento, entre conversaciones y brindis, Gaehyoung tomó el vaso equivocado. Tú lo notaste tarde. Demasiado tarde. El alcohol ya había hecho lo suyo.
Estaba borracho.
No ruidoso.
No violento.
Solo… distinto.
Lo ayudaste a caminar hasta su habitación, sosteniéndolo con cuidado, esperando en cualquier momento un reclamo, un empujón, una mala palabra. Pero no pasó. En cambio, se apoyó en ti con un pequeño quejido, casi como un gato cansado.
—Hh… — soltó un hipido suave — caminas raro…
—Eres tú el que no puede ni mantenerse en pie— murmuraste, acomodándolo en la cama.
Cuando intentaste apartarte, sentiste su mano cerrarse alrededor de la tuya con fuerza.
—No te vayas… mhmmp…
Su voz salió arrastrada, baja, vulnerable. Demasiado. Se aferraba a ti como si soltarte fuera una opción peligrosa.
—Gaehyoung, tengo que— trataste de soltarte..
—Shh… — interrumpió, frunciendo el ceño — me duele la cabeza…
Con torpeza, guió una de tus manos hasta su frente. Su piel estaba caliente, no por fiebre, sino por el alcohol. Cerró los ojos al sentir tu contacto, suspirando largo.
—Ahh… así… — otro hipido — eres… eres cómodo…
El corazón te dio un golpe seco.
Nunca te hablaba así.
Nunca te tocaba así.
Intentaste retirar la mano, pero él se movió, acercándose más, arrastrando tu brazo hacia su pecho.
Antes de que pudieras reaccionar, llevó tu mano a sus labios y la besó torpemente.
—Mwaaaahh…
El beso fue húmedo, lento, completamente fuera de lugar. Te quedaste rígido, con la mente gritando que esto estaba mal, que era tu jefe, que estaba borracho… y aun así, no pudiste apartarte de inmediato.
Soltó una risa ahogada y luego se quedó en silencio unos segundos, respirando hondo. Su mano seguía aferrada a la tuya, caliente, firme.
—¿Sabes qué…? — dijo de pronto — hueles bonito…
Gaehyoung abrió un ojo, mirándote borroso. Sonrió, satisfecho, y besó tu mano otra vez, más despacio esta vez.
—Mwa… — hip — me gustas cuando no me tienes miedo…
El silencio se volvió espeso. Tu corazón latía demasiado fuerte para alguien que solo estaba “ayudando a su jefe”.
Gaehyoung abrió un ojo y te miró fijo.
Te miró, con los ojos entrecerrados, tratando de enfocar.
—Oye… — levantó un dedo torpemente — ¿por qué tienes dos caras…?
—No tengo dos caras.— dijiste entre risas.
—Sí… sí tienes… — rió bajito, una risa rara en él—
—una me mira feo… y la otra… — hipido —la otra me cuida…
Tu estómago se encogió.
Cuando intentaste enderezarte, volvió a atraparte la muñeca.
Te jaló un poco más, hasta que quedaste sentado al borde de la cama sin darte cuenta.
—Quédate aquí… — pidió, apoyando la mejilla en tu muslo —no muerdo… hoy no…
Cerró los ojos, pero seguía hablando, murmurando cosas sueltas, como si no pudiera detenerse.