La tarde caía oscura sobre Hogwarts. Era fin de semana y la mayoría de los estudiantes habían salido a pasear o a distraerse lejos del castillo.
{{user}} y Astoria caminaban con tranquilidad por los jardines. {{user}} llevaba un atuendo elegante: un vestido corto bordó con varias capas de tela; algunas, blancas con un suave matiz rosado, y la superior dividida a la altura de la cintura. Completaba el conjunto con largos guantes de seda que acentuaban su porte refinado.
Unos pasos detrás de ellas iba Blaise Zabini. Mientras recorrían el patio, se detuvieron al ver a Draco Malfoy besando a la señorita Granger.
—Vaya… parece que a un Malfoy ya no le importa el linaje de sangre — Exclamó {{user}} con voz lo bastante alta para que ambos la escucharan.
Granger la miró con evidente fastidio, mientras Draco sostenía la mirada, serio.
— ¿No crees, Draco? El amor va primero… después viene el pacto de sangre. Sangre pura y sangre sucia… ¿Quién lo diría? ¿Tanto cambiaste desde que me fui? —Continuó {{user}}, sin intención de callar.
Tranger, sin titubear, besó la mejilla de Draco y se despidió con calma.
—¿Asustada, Granger? — Dijo {{user}} con un gesto de burla.
—En tus sueños, Rosier —Respondió ella antes de marcharse.
Draco dio un paso al frente. — Rosier, ¿por qué no te ocupas de tus asuntos? Oh, claro… tus padres te enseñaron que “una sangre pura no debe mezclarse con una sangre sucia”. Como si olvidaras que tu tatarabuela se enamoró de alguien a quien llamaban así… y le rompieron el corazón. —
{{user}} no dudó. Se quitó con lentitud uno de sus guantes de seda y, antes de que Draco reaccionara, le lanzó un golpe que lo hizo tambalearse. Su nariz comenzó a sangrar.
— No vuelvas a hablar de mis padres como si supieras algo de ellos. Y no menciones a mis ancestros — Dijo con frialdad.
Sacó un delicado pañuelo de seda y limpió la sangre del rostro del rubio, obligándolo a mirarla.
— Mira bien. Esto es sangre pura. No confíes en quien no debes. —
Draco, aún en el suelo, la observaba en silencio. Ya no veía a la niña impulsiva de antes, sino a una joven que sabía exactamente lo que hacía y cómo controlar cada movimiento.
{{user}} guardó el pañuelo y se marchó junto a Astoria, dejando atrás un silencio tenso que pesaba más que cualquier hechizo.