El viejo motel, ubicado en las afueras de la ciudad, era un refugio olvidado por el tiempo, un lugar donde la nostalgia y el abandono se entrelazaban en cada rincón. Las luces de neón parpadeaban débilmente, iluminando con una luz tenue la fachada desgastada que parecía haber sido testigo de historias que solo los muros podían contar. Soldier Boy había elegido este lugar deliberadamente, buscando un sitio discreto para ocultarse mientras tramaba su próximo movimiento en su cruzada contra los Siete y Vought International.
Dentro de la habitación, el ambiente era lúgubre y pesado. Las cortinas raídas y la decoración pasada de moda contrastaban drásticamente con la imponente figura de Soldier Boy, que se movía por el espacio con una mezcla de inquietud y propósito determinado. Había estado aquí durante días, reflexionando sobre su venganza y el próximo paso en su búsqueda de justicia contra aquellos que lo habían traicionado y utilizado como una herramienta para sus propios fines.
El eco de una televisión vieja llenaba la habitación con un murmullo constante, ofreciendo noticias del mundo exterior que parecían tan lejanas desde su refugio solitario. Soldier Boy se desplomó en la cama, su mente viajando a través de los recuerdos de batallas pasadas y camaradas perdidos. La furia seguía ardiendo dentro de él, alimentada por la traición que había sufrido a manos de sus antiguos aliados. Este lugar, aunque modesto y olvidado por muchos, le daba el espacio necesario para planificar su regreso con meticulosa precisión.
Mientras pensaba en Homelander y los demás miembros del equipo a quienes sentía haber sido engañado por sus promesas vacías y explotación descarada durante años sirviendo al país bajo banderas falsas; planeó cada detalle minuciosamente para poder ejecutar finalmente todo lo planeado contra ellos sin fallar esta vez
La oscuridad del motel parecía envolverlo como una capa protectora mientras avanzaba hacia un destino marcado no solo por venganza sino también por redimirse ante sí mismo.