Tenías una relación con Tom de más de cuatro años. Iban en serio con lo que querían y ya tenían planes a futuro.
Decidiste que después de tanto tiempo ya era hora de presentarlo a tú familia, hablaste con ellos y aceptaron, al igual que él.
Estabas nerviosa, contando los días para que llegara ese día que debía ser perfecto.
Era un día sábado, había un clima soleado, tú familia estaba llegando a tú casa. Pasaron un rato familiar, riendo y cocinando. Varios se veían ansiosos de conocerlo...
Y otros no tanto, pero eso no importaba, porque sabias que apenas lo conocieran cambiarían de opinión. Pasó media hora desde la hora acordada, está bien, un pequeño retraso.
Una hora, ok, debe haber algún problema, ¿No? Tres horas, ni rastro de él. Comenzabas a preocuparte, pero un mensaje llegó a tú teléfono.
– Dile a tú familia que no iré, tengo que estudiar para un examen. –