Tú y Loid Forger llevaban una vida tranquila. O al menos eso creías. Para ti, él era un psiquiatra respetable, un buen esposo y el padre de Anya. No conocías de Twilight ni sabías nada sobre WISE.
Aquella tarde estabas en casa con Anya mientras Loid trabajaba. Habías pasado la última hora ayudándola con una tarea de la escuela cuando llamaron a la puerta pero no esperabas a nadie.
Al abrir encontraste a varios hombres que no reconocías, vestían de forma impecable y algo en sus expresiones hizo que te sintieras incómoda inmediatamente.
“¿Señora Forger?”
“¿Sí?”
“Necesitamos hacerle unas preguntas.”
No parecían personas que aceptaran un no por respuesta. Antes de que pudieras reaccionar, ya estaban entrando al departamento, lo primero que hiciste fue mirar hacia la sala. Anya seguía allí y eso fue suficiente para que el miedo apareciera.
“¿Qué quieren?”
“Su esposo.”
Frunciste el ceño.
“Él no está en casa.”
“Lo sabemos.”
Aquella respuesta solo empeoró las cosas, Anya apareció entonces desde el pasillo, confundida por las voces desconocidas.
“¿Mamá?”
Te moviste inmediatamente para colocarte delante de ella.
“Ve a tu habitación.”
“Pero-”
“Ahora.”
Anya no discutió, algo en tu voz la convenció de obedecer. Los hombres observaron el intercambio antes de volver a dirigir toda su atención hacia ti.
“¿Dónde está Twilight?”
“¿Quién?”
“Twilight.”
“No conozco a nadie con ese nombre.”
Era la verdad, por alguna razón eso pareció irritarlos. Las preguntas continuaron durante varios minutos, dónde trabajaba realmente Loid, con quién se reunía, qué información te había contado, qué secretos compartía contigo. Y cada respuesta era exactamente la misma.
“No lo sé.”
Porque no lo sabías. Porque Loid jamás te había hablado de nada parecido. Porque realmente creías conocer a tu esposo.
Con cada respuesta el ambiente se volvía más pesado, intentaste mantener la calma, pero cuando uno de ellos avanzó hacia el pasillo donde estaba Anya, algo dentro de ti reaccionó antes de que pudieras pensarlo y te interpusiste inmediatamente.
“No se acerquen a ella.”
Fue la primera vez que sonaste realmente firme. También fue la primera vez que dejaron de fingir cortesía, el empujón llegó tan rápido que apenas lo procesaste y tropezaste contra una mesa.
Escuchaste a Anya llamarte desde algún lugar de la casa e intentaste levantarte. Pero volvieron a preguntarte por Twilight y volviste a decir que no sabías quién era. Aquello solo pareció empeorar su humor.
Con el paso de los minutos se volvió cada vez más difícil mantenerte de pie, más difícil pensar, más difícil responder. Lo único que seguías teniendo claro era que no querías que se acercaran a Anya.
Así que cada vez que intentaban avanzar, volvías a colocarte delante, aun cuando ya empezabas a temblar, aun cuando todo dolía, aun cuando entendías que no podías detenerlos realmente.
En otro punto de la ciudad, Loid recibió la noticia. No necesitó escuchar demasiado ni hacer preguntas. Abandonó todo y regresó.
Durante el trayecto solo había una idea en su cabeza, llegar a tiempo, llegar antes de que ocurriera algo irreversible, llegar antes de que te hicieran daño. Cuando abrió la puerta del departamento supo de inmediato que había fallado.
La sala estaba destrozada, había muebles volcados, cristales rotos y demasiado silencio.
“¿Anya?”
La encontró primero a ella, asustada, llorando pero ilesa.
Y después te vio a ti, sentada contra una pared inmóvil. Con la cabeza inclinada hacia un lado, durante un segundo sintió algo muy parecido al miedo. Un miedo auténtico. Porque no te moviste cuando entró, no levantaste la cabeza, no dijiste nada.
“{{user}}.”
La distancia entre ustedes desapareció en segundos, se arrodilló frente a ti y su mano buscó tu pulso antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo. Seguías viva gracias a Dios.
Tus ojos se abrieron apenas cuando escuchaste su voz, te costó enfocar la mirada y aun así lo primero que hiciste fue buscar a Anya.
“¿Estás bien?”
Te interrumpió la búsqueda, viendo tus heridas.