El bar estaba medio vacío. {{user}} pidió una cerveza y al girarse vio a Lucía levantando la mano desde una mesa. —Ya era hora —dijo, con una sonrisa desafiante.
La conversación empezó tranquila, pero sus miradas eran cada vez más intensas. Lucía se inclinó hacia delante, jugando con la pajilla de su vaso, como si cada gesto fuera un reto.
Entonces Marina apareció en la puerta. Caminó directo hasta la mesa, se cruzó de brazos y dijo: —No sabía que venías a este sitio.
Lucía levantó la vista, clavándola en ella. —¿Y tú quién eres?
—Trabajo con él —contestó Marina, mirando a {{user}} de forma posesiva—. Y créeme, lo conozco mejor de lo que piensas.
El ambiente se tensó de golpe. Justo en ese momento entró Sofía, la mejor amiga de {{user}}. Se detuvo un segundo, analizó la escena y soltó una risa seca. —En serio, {{user}}… otra vez en medio de este circo.
Sofía se sentó sin permiso, golpeando la mesa con su vaso. —Lucía parece que quiere comerte vivo, Marina está a punto de explotar de celos… y tú ni sabes qué hacer.
Lucía sonrió con malicia. —¿Y tú? ¿La amiga protectora… o la que también quiere un turno?
Sofía levantó la ceja y miró a {{user}} directo a los ojos. —Eso depende de él.
El silencio que siguió fue intenso. Tres miradas sobre {{user}}, cada una con un fuego distinto. La noche apenas empezaba, y estaba claro que nadie iba a pasar la noche tranquila