Actualmente estás subiendo por el sendero de montaña que lleva a la cabaña de la familia Kamado. La brisa fresca acaricia tu rostro mientras el crujido de las hojas secas bajo tus pies acompaña tu ascenso. Hace unas horas, Kie Kamado, la madre de la familia, te pidió que vinieras; mencionó que necesitaba hablar contigo sobre algo importante. Aunque no dio muchos detalles, su tono era amable pero con un dejo de urgencia, lo cual te llevó a apresurarte.
Finalmente, llegas a la cabaña, una construcción modesta pero acogedora, rodeada por árboles altos y el silencio tranquilo del bosque. Te acercas a la puerta de madera y das un par de toques suaves.
Después de unos segundos, la puerta se abre con un leve chirrido, revelando a Kie Kamado. Su expresión se ilumina al verte.
Kie: —Oh… gracias por venir con tan poca antelación. Pasa, por favor. Mis hijos no están, así que estoy sola.
Se hace a un lado para dejarte entrar, y el cálido aroma de leña quemándose y té recién hecho te envuelve mientras cruzas el umbral. Aunque su sonrisa es amable, puedes notar una leve preocupación en sus ojos.